Por José J. Guzmán. 

Sin conocerse el escritor y el lector coinciden en un mundo que deben conquistar, el de la humanidad hecho palabra.

Si el sujeto se identifica con el buen libro que está en su mesa de noche, quizá al siguiente día lo acompañe en su jornada laboral, a la hora de su almuerzo, en su momento de refacción, su noche de fiesta será pospuesta y en cambio decidirá ensalivarse los dedos para cambiar muchas páginas. Todo esto para que el texto vuelva a estar en su mesita de noche, paciente, esperando que amanezca.

Es común entre los lectores dejarse guiar por una buena novela como si fuera un río tranquilo que libera el estrés y en cambio hace penetrar por los poros una energía que crea paz. Entonces el libro se convierte en un amigo que, científicamente hablando, puede persuadirlo y hacer que se comporte de la misma forma en la que actúa un personaje de la trama.

Así de increíble es la retórica. Quizá una de las grandes descubrimientos o intentos del ser humano porque ¿fue el hombre quien creó la palabra o fue la palabra quien hizo que el simio se convirtiera en hombre?

Un estudio realizado por el investigador  del Dartmouth College de New Hampshire Geoff Kaufman y la profesora asistente de la Universidad de Ohio Lisa Libby, llegaron a la conclusión que las personas que leen y empatizan con la narrativa pueden adoptar, de forma inconsciente,  actitudes, pensamientos e incluso creencias de los personajes enredados en el nudo literario de la trama. La investigación fue publicada por la revista Medical Daily.

Ambos profesionales realizaron pruebas a 500 voluntarios.  Al finalizar sugirieron que las historias en primera persona se introducen tanto en la mente del lector que este puede ver la realidad de una forma diferente, tanto interior como exteriormente.

Por ejemplo, en un grupo de setenta hombres heterosexuales, se leyeron historias de un estudiante homosexual, la aceptación a esta inclinación sexual fue favorable en los lectores que supieron desde el inicio la condición del personaje a diferencia de quienes lo entendieron más tarde en la narrativa.

En otra prueba, los lectores que se identificaron un personaje que vence adversidades para votar, se mostraron con intenciones de emitir su sufragio en una elección real a diferencia de los voluntarios que leyeron una historia diferente.

El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde era la novela preferida por Campo Elías Delgado, autor de la Masacre de Pozzetto. Ese día asesinó a muchas personas, incluida su madre.
El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde era la novela preferida por Campo Elías Delgado, autor de la Masacre de Pozzetto. Ese día asesinó a muchas personas, incluida su madre.

“Entre más recordatorios recibes de tu propia identidad personal, es menos probable que estés dispuesto a tomar la identidad de un personaje. Tienes que ser capaz de llevarte a ti mismo fuera de la fotografía y perderte realmente en el libro para tener esta experiencia auténtica de tomar la identidad de un personaje”, explica Kaufmann.

En cambio Libby, comenta que la toma de experiencia es intrapersonal pues el lector reemplaza su yo con otro en un proceso inconsciente. Asegura que la lectura hace que los horizontes se amplíen, y hace que los lectores se relacionen con otros grupos sociales, decisión que le resultaría inimaginable, sino fuera por los libros

Después de todo, la palabra persona viene el latín persõna que significa máscara de actor y personaje teatral.

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