Por Gustavo Rodas

A unos 310 kilómetros de la ciudad de Guatemala se encuentra Todos Santos Cuchumatán, un municipio del departamento de Huehuetenango en la Sierra de Los Cuchumatanes. En este peculiar poblado cada primero de noviembre se realiza la tradicional corrida de caballos, aunque su nombre original es Sqech Koya en idioma Mam, que traducido al español significa “Juego de Gallos”.

Esta tradición cultural única en Guatemala se remonta a los años de la invasión española, cuando los indígenas de Todos Santos fueron esclavizados y obligados a trabajar injustamente hasta que un día decidieron revelarse. Parte de esa revolución era montar los caballos de los españoles, pues tenían la curiosidad de saber que se sentía estar sobre estos animales que los invasores utilizaban como símbolo de poder y grandeza.

Los pobladores eran muy espirituales y sabían que para cabalgar sobre la madre tierra tenían que pedir permiso, entonces consultaron a un Aj Qi’j (sacerdote maya), él les respondió que sí podrían montar a los caballos de los españoles pero que tenían que dar sangre, realizar ceremonias y estar en meditación durante varios días. Así el permiso sería otorgado y la sangre de ellos podría ser remplazada por la de un gallo, es de ahí en donde se origina el nombre Sqech Koya.

Durante la feria titular el municipio de Todos Santos recibe cientos de turistas. Foto: Gustavo Rodas
Durante la feria titular el municipio de Todos Santos recibe cientos de turistas. Foto: Gustavo Rodas

Antes del intento por montar los caballos los valientes revolucionarios se despidieron de sus seres queridos, realizaron fiestas, convivieron y se despidieron de sus familiares por si no volvían a casa. Así fue como un día después de que pusieron en práctica las recomendaciones del Aj Qi’j se animaron a montar las bestias de los españoles y lo lograron, aunque varios se cayeron y otros fueron asesinados por los invasores fue un día de júbilo en el pueblo.

Ahora cada uno de noviembre en honor a los abuelos caídos se realiza la corrida de caballos, que no es una carrera, porque no es una competencia, no se trata de demostrar quién es mejor, más bien es un acto de rebelión, un tributo a los antepasados que se levantaron contra los invasores españoles.

Durante la corrida de caballos participan más de 45 jinetes. Foto: Gustavo Rodas
Durante la corrida de caballos participan más de 45 jinetes. Foto: Gustavo Rodas

EL FESTEJO

La feria titular de Todos Santos se celebra del 26 de octubre al 2 de noviembre, para los jinetes en quienes se centra toda la atención la etapa de preparación es de 40 días, esto incluye abstinencia sexual, no beber licor y otras actividades. El 30 de octubre los carrereños como llaman a quienes participan en la corrida de caballos rompen esta cuarentena y se dirigen hacia La Capellanía una comunidad ubicada en el municipio de Chiantla, Huehuetenango donde alquilan los caballos que pueden costar hasta Q10 mil, dependiendo del tamaño.

Cada grupo de carrereños tiene turnos para poder correr, aun que regularmente se revuelven en la pista. Foto: Gustavo Rodas
Cada grupo de carrereños tiene turnos para poder correr, aun que regularmente se revuelven en la pista. Foto: Gustavo Rodas

Cada comunidad del municipio de Todos Santos es representada por un grupo diferente de carrereños, algunas comunidades cuentan con más de un grupo y otras con ninguno, dependiendo de la capacidad económica de cada jinete pues puede llegar a gastar hasta Q40 mil. Es por eso que un 80 por ciento de los jinetes son emigrantes trabajadores en Estados Unidos que regresan en estas fechas para participar en la corrida de caballos.

El 31 de octubre se realizan ceremonias mayas y los capitanes de cada grupo organizan una fiesta en su casa, donde los excesos con comida y licor son ley. Al ritmo de la marimba y totalmente ebrios los jinetes bailan con sus esposas y entre ellos. En las viviendas tienen invitados especiales y el pueblo se prepara para el Sqech Koya.

Para el 1 de noviembre todos se levantan temprano, los pobladores y los cientos de turistas empiezan a apartar los mejores lugares a los costados de la pista de 800 metros. Los carrereños aun están ebrios y continúan bebiendo, esto hace que dominar al caballo sea muy difícil y es donde ponen a prueba sus destrezas. El peligro está latente en cada movimiento de los carrereños algunos caen y son asistidos por los comunitarios. Durante la mañana se lleva a cabo una carrera de 8 de la mañana a 12 del mediodía, que es cuando se retiran para almorzar el plato tradicional de Todos Santos:  el recado rojo de carnero o recado blanco de carnero, acompañado de tamales y la bebida es súchiles con panela.

Algunos jinetes apenas se mantienen en el caballo debido a que cabalgan totalmente ebrios. Foto: Gustavo Rodas
Algunos jinetes apenas se mantienen en el caballo debido a que cabalgan totalmente ebrios. Foto: Gustavo Rodas
Regularmente los carrereños duermen muy pocas horas antes de la carrera. Foto: Gustavo Rodas
Regularmente los carrereños duermen muy pocas horas antes de la carrera. Foto: Gustavo Rodas

A las 2 de la tarde los jinetes regresan para realizar la última presentación pero ahora el riesgo aumenta pues están más ebrios y deben de dominar al caballo con una sola mano ya que en la otra sujetan un gallo el cual mantienen hasta que muere, es por eso que se a esta tradición se le llama juego de gallos. Entrada la noche cada capitán ofrece la cena en su vivienda en donde se preparan los gallos muertos para cenarlos regularmente en caldo. En el salón municipal se lleva a cabo un baile social en donde participan en su mayoría los jóvenes y señoritas, la fiesta se extiende hasta altas horas de la madrugada en todas las calles de Todos Santos donde decenas de lugareños ebrios cantan y bailan al ritmo de marimbas y mariachis.

Los jinetes corren el riesgo de sufrir duras lesiones cuando caen del caballo. Foto: Gustavo Rodas
Los jinetes corren el riesgo de sufrir duras lesiones cuando caen del caballo. Foto: Gustavo Rodas
Cuando los jinetes caen son asistidos por sus esposas y otros comunitarios. Foto: Gustavo Rodas.
Cuando los jinetes caen son asistidos por sus esposas y otros comunitarios. Foto: Gustavo Rodas.

Desde tempranas horas del 2 de noviembre todas las familias llegan al cementerio de la localidad para celebrar a sus santos difuntos. Llegan a las tumbas de sus seres queridos con cientos de flores, adornos y comida, pues según la tradición los muertos degustan de sus platillos favoritos en este día especial en el cual se lanzan bombas al cielo para celebrar la vida.

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Los pobladores asisten en familia al cementerio y rezan a sus santos difuntos. Foto: Gustavo Rodas
Cientos de pobladores asisten el dos de noviembre al campo santo. Foto: Gustavo Rodas
Cientos de pobladores asisten el dos de noviembre al campo santo. Foto: Gustavo Rodas

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En cuanto a los jinetes que encarnan la rebelión histórica continúan de fiesta, pues cada grupo alquila una marimba para bailar en el campo santo y finalmente todos se concentran alrededor de la iglesia católica en donde danzan las últimas piezas y se toman los últimos tragos.

El dos de noviembre la fiesta continua y los jinetes bailan y beben en el cementerio de la localidad. Foto: Gustavo Rodas.
El dos de noviembre la fiesta continua y los jinetes bailan y beben en el cementerio de la localidad. Foto: Gustavo Rodas.

Fuentes:

  • Jun Kanek Pablo Pérez, historiador de Todos Santos Cuchumatán.
  • Kenny Manfred Gómez Cano, Lic. En Ciencias de la Comunicación y profesor de escuela en Todos Santos Cuchumatán.

 

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