Hablar de femicidio es levantar polémica, algunos sectores consideran que al tipificar el feminicidio o el femicidio (conceptos diferentes) se incurre en desigualdad y discriminación porque se les da prioridad a las mujeres, sin embargo, las estadísticas, la realidad social y el sentido común basado en los hechos declinan este pensamiento retrógrado.

Del 2012 a la actualidad en Guatemala se han registrado más de 3,200 asesinatos de mujeres, perpetrados de todas las formas violentas pensadas y con todos los matices oscuros que esto representa.

De acuerdo con estadísticas del Instituto Nacional de Ciencias Forenses -INACIF, en los 24 municipios que conforman Quetzaltenango se han contabilizado 31 casos en 14 meses recientes.

El último suceso de esta naturaleza que conmocionó a la sociedad quetzalteca fue el asesinato de Vilma Gabriela Barrios López, cuyo cadáver fue hallado domingo 5 de febrero reciente en el municipio de Cantel, Quetzaltenango tras ser atacada junto a su mamá, en una vivienda que buscaba alquilar.

A sus 26 años de edad, Gabriela fue una mujer que se desarrolló en diversos ámbitos tanto profesionales como artísticos, no tuvo miedo de ocupar espacios que han sido delimitados por la sociedad solo para hombres.

Estaba a punto de graduarse como arquitecta y de contraer matrimonio. A lo largo de su vida profesional su ambiente y círculo social estuvo rodeado de hombres, lo que Gaby nunca imaginó, fue que un hombre le pondría fin a su vida.

Gaby estaba a punto de graduarse de la carrera de arquitectura. Foto: Cortesía Erick Lancerio

“Ella amaba muchas cosas bellas en la vida y sobre todo había un pensamiento y comportamiento muy particular en ella, su repulsión a la injusticia, si Gaby estuviera viva y fuera otra mujer la que estuviera en su lugar, ella estuviera pidiendo justicia”, expresó Erick Lancerio, novio de Gaby.

Pareciera que día a día estamos tejiendo un mecanismo de indiferencia y egoísmo y aun así cuando surgen eventos tan devastadores como este lo más que muchas personas opinan es que se pare de hablar del tema porque se le da prioridad a “ciertas mujeres” y a otras no, o que quizás “andaba metida en algo y por eso fue que la mataron”.

Ese tipo de pensamientos, aunado a la estructura en la que sobrevive nuestro estado que se dice “democrático” pero excluye a las mujeres, que refuerza los estereotipos y sumado un ambiente de machismo y misoginia nos acorralan y orillan a una desesperanza enorme.

Lo que sigue es oscuridad, tristeza e indignación. Hasta el momento el caso de Gaby se mantiene bajo reserva, el proceso va lento y todo “el protocolo” afecta principalmente a sus familiares; y para quienes exigimos un cese a la violencia en las mujeres, el procedimiento legal muchas veces es un laberinto, hemos observado varios casos similares que las investigaciones no se llevan con la celeridad que se necesita sobre todo para generar confianza en las autoridades.

En estas horas de dolor que han transcurrido, muchos estamos a la espera que nuestro sistema judicial logre dar con los o el responsable del crimen y hacer justicia, al esclarecer el hecho, Gaby no volverá a vivir, al igual que las otras 30 mujeres asesinadas en Quetzaltenango, ni tampoco a las más de 3 mil victimas del resto del país, pero es un ejercicio necesario de dignidad y justicia para la memoria y familia de estas mujeres.

Gaby estaría triste e indignada y a la espera de buenos resultados, nosotros y nosotras también lo estamos. 

“Si el estado tuviera perspectiva de género, si fuera entonces más democrático, no habría tolerancia social a la violencia hacia las mujeres y por lo tanto al feminicidio” Marcela Lagarde.

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