Por Eduardo Arce

Cada vez que comienzo a escribir una publicación acerca de Tikal, me emociono mucho, pues como algunos de ustedes saben, este fue mi primer sitio explorado en abril del 2003, y gracias a esa vista, comenzó esta gran pasión por la exploración de sitios mayas que invade gran parte de mi vida. Tikal es uno de esos sitios mayas tan especiales, que uno se emociona cada vez que lo visita, justo como que si fuera la primera vez, ya he estado ahí 7 veces y regresaré cada que tenga la oportunidad.

Sin lugar a dudas, Tikal es uno de los sitios mayas más famosos el día de hoy, justo como lo fue en su época de apogeo hace más de 1,300 años, pues su poderío trascendió fronteras y no solamente se convirtió en una próspera ciudad, sino que fue uno de los más temidos rivales de otros grandes sitios como Calakmul. Sin lugar a dudas es un sitio sorprendente que el día de hoy recibe una gran cantidad de visitas.

Aunque se cree que Tikal nunca se perdió de vista porque los habitantes de la cuenca del Lago Petén Itzá sabían de su existencia, no fue sino hasta 1848 cuando Ambrosio Tut, divisó las cresterías de los templos en la distancia y se le informó a Modesto Méndez, Gobernador de Petén. Él organizó la primera expedición oficial el 28 de febrero del mismo año, los acompañó el artista Eusebio Lara y fue el autor de los primeros dibujos de estelas y dinteles de Tikal, algo rudimentarios, pero de incalculable valor histórico.

El doctor suizo Gustav Bernoulli viajó a Tikal en 1877, ahí recibió permisos de las autoridades de Petén, así como trabajadores, para retirar y transportar varios dinteles grabados en madera, correspondientes a los Templos I y IV, para luego enviarlos a Basilea, Suiza, donde se conservan y se exhiben en el “Museum fur Volkerkunde”. El siguiente explorador en llegar a Tikal fue el británico Alfred Percival Maudslay que estuvo ahí en 1881 y 1882, y fue el primero en limpiar los templos, también en levantar un mapa con planos de sus rasgos arquitectónicos y en estudiar de manera sistemática el sitio. Él sacó moldes de yeso y pasta de papel de las primeras esculturas y tomó excelentes fotografías del sitio. Maudslay fue el primero en darse cuenta de que la posición y forma de los edificios mayas se debían a consideraciones de carácter astronómico.

Después de Maudslay fue el gran explorador germano-austriaco Teobert Maler quien arribó a Tikal en un par de ocasiones y que más delante relató su primera expedición. Poco después arribó en 1910 la expedición del Museo Peabody encabezada por Alfred Tozzer. Sylvanus G. Morley realizó visitas en 1914, 1921, 1922 y 1928 para estudiar y registrar las inscripciones jeroglíficas de los monumentos.

El 26 de enero de 1956, el Museo de la Universidad de Pennsylvania inauguró el Proyecto Tikal, para su estudio y excavación. Fue el trabajo más grande ejecutado en esta ciudad y duró trece años. La supervisión se llevó a cabo por Edwin Shook, William Coe y George Guillemin. Este proyecto fue el encargado de que la parte central de Tikal comenzara a lucir como lo hace el día de hoy.

En 1970 fue creado el nuevo Proyecto Arqueológico Parque Nacional Tikal con personal Guatemalteco y cuyos reportes fueron escritos por el Dr. Rudy Larios y el arqueólogo Miguel Orrego. A partir del año 2000 se inició el Proyecto de Acceso Digital por parte del Museo de la Universidad de Pennsylvania, para proporcionar el acceso a todos los datos originales de Tikal vía internet.

Maler visitó Tikal en dos ocasiones diferentes, la primera vez a finales de mayo y a comienzos de junio de 1895 y después regresó a principios de agosto y a mediados de noviembre de 1904, cuando tenía 62 año. En su primera expedición en 1895 no tenía muchas expectativas para trabajar en la enorme ciudad en ruinas, ya que tal labor no podría haber sido lograda sin una considerable preparación, así es que Maler únicamente llevó a cabo un reconocimiento profundo del terreno para hacer dibujos y planos de los objetos más importantes, y para tomar fotografías que no requirieran demasiado trabajo preliminar.

El 21 de mayo de 1895, Maler dejó la isla de Itzá y cruzó el gran lago con dirección hacia el norte en un tambaleante cayuco. Desde aquí le cedo la palabra a Maler para que nos cuente lo que sucedió después: “Desembarqué en el pequeño pueblo maya de San José, donde le presenté al alcalde, José María Chata, la orden recibida por el prefecto Isaías Armas, en la cual se mencionaba al alcalde que me ofreciera toda la asistencia posible para mí difícil proyecto, la tarifa acostumbrada de pago (50 centavos por día por persona), y a designarme el número requerido de hombres para acompañarme. Después de haber hablado todos los detalles del trato, el alcalde me ofreció cinco hombres para que cargaran mi muy ligero equipaje y las provisiones más indispensables, además de ser útiles en las ruinas”.

Maler nos narra su llegada a Tikal: “Ya entrada la tarde del 28 de mayo de 1895, arribamos a Tikal después de una marcha de tres días, salimos por el gran Palacio de las Paredes Acanaladas, cerca del cuál, los indigenas pusieron su campamento. Yo me quedé con el equipaje, e inmediatamente envié a los hombres hacia la aguada con todas las vasijas disponibles, y así no perder tiempo en el asunto del suministro de agua. Debido a que nos estábamos acercando al final de la temporada de sequía, resultó que la superficie de la aguada estaba muy seca, pero un pozo previamente cavado por otros exploradores, fue rápidamente hecho más profundo, hasta que por buena fortuna, los hombres llegaron al agua que aún estaba contenida en tierra negra”.

Maler prosigue contándonos acerca de uno de los acostumbrados encuentros que tuvo con sus trabajadores: “Al siguiente día comencé la inspección de las ruinas, intentando tener los árboles y matorrales cortados, en aquellas estructuras que deseaba fotografiar, en esos momentos surgió una gran e inesperada dificultad. Los hombres de San José que había traído conmigo, eran capaces y lo suficiente voluntariosos como remeros en el agua, y en tierra como cargadores del equipaje, pero eran completamente incapaces de cortar los árboles, y especialmente en excavar las esculturas enterradas. Un cierto tipo violento, llamado Pedro Ek, resultó ser especialmente amotinado. Él aparentemente tenía una mala influencia sobre los demás hombres, a los cuales incitaba a que dejaran de trabajar para así apresurar su regreso a San José. Como no tenía la menor intención de que mi trabajo fuera interrumpido y mi tiempo desperdiciado por este bribón, me retiré de su campamento, e hice que mi equipaje, provisiones y suministro de agua, fueran llevados al Palacio de Dos Pisos (el día de hoy es llamado Complejo Maler) que se encuentra hacia el norte y opuesto al Gran Templo V. La habitación central del lado norte del primer piso, ofrece muchas ventajas a los viajeros con sus nichos y grandes bancas de piedra. Al cambiar mi campamento a este palacio, era más accesible, ya que se encuentra cerca del cuadrante principal con sus varias estructuras, y ahorré una gran cantidad de tiempo, mientras los insatisfechos trabajadores permanecían en su campamento al otro lado del remoto Palacio de las Paredes Acanaladas. Aún cuando ellos se reunían conmigo durante las mañanas, para ayudar un poco o no hacer nada, y me dejaban al comienzo de la tarde, bajo el pretexto de preparar una comida, yo aún encontraba el tiempo para realizar la gran cantidad de trabajo que tenía en los planos y dibujos”.

Maler continúa la detallada descripción de su primer viaje a Tikal: “Por consiguiente, durante los ocho días de mi estancia en Tikal, del 28 de mayo al 5 de junio de 1895, dibujé los planos de piso de los cinco templos principales, así como el de mi Palacio de Dos Pisos, y el Palacio de Cinco Pisos. Hice cuidadosos dibujos de los dibujos incisos más importantes y mejor conservados, encontrados en las suaves paredes estucadas de las habitaciones de las diferentes estructuras, para las cuales afortunadamente había traído conmigo un gran suministro de papel para dibujo.  Se tomaron fotografías de algunos de los Edificios mejor conservados. Las piedras con escultura no fueron fotografiadas en esta ocasión, ya que la preparación hubiera tomado mucho tiempo. Tomando en cuenta todo, se logró mucho trabajo, y mi colección de dibujos murales incisos es inigualable”.

 

El Templo I es el símbolo señorial de Tikal. Se le conoce con el nombre de Gran Jaguar, debido a un motivo de jaguar grabado en su crestería. Es el más vivo ejemplo de la arquitectura maya ejecutada en piedra caliza.

Ahora dejemos que el gran explorador nos narre la forma en que pasaba las noches en Tikal: “Algunas veces en mi solitaria habitación durante la noche, me encontraba tan rodeado por panteras rugiendo, que mezclando sus llantos junto a otras criaturas, quizás más dañinas, yo tenía que mantenerme forzado a tener una gran fogata en la entrada de mi habitación, incluso ocasionalmente poniéndole una barricada de leños. Por supuesto que yo siempre dormía con un rifle cuidadosamente cargado a mi lado, pero también con una perfecta tranquilidad mental. Cuando estoy durmiendo en solitud en una ruina o bajo un árbol en la prístina selva, o en una pequeña cueva, yo no soy molestado en lo absoluto por las serenatas ofrecidas durante la media noche por el Felis Onca, el Felis Pardalis, el Felis Concolor, o cualquiera otro de su tipo. (Maler se refería respectivamente al jaguar, el ocelote y el puma). Esto para mí parece ser parte de la situación, por lo que escucho con emotiva atención. La oscuridad de la noche no hace diferencia en mis creencias, ya que yo estoy convencido que siempre existe la misma cantidad de bien y mal durante la noche como durante el día, no importando si nuestro planeta nos da luz o sombra. Sin embargo, como regla general, los mestizos de la región, que son tan afectos de jugar al valiente durante el día, se desmoralizan completa y miserablemente cuando se acerca la noche. Nada puede obligar a que estos héroes duerman solos en la selva o en una ruina. No obstante, los indigenas genuinos de sangre pura, conservan su compostura tanto de noche como de día, aunque tampoco les gusta estar solos”.

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