Por Giovani González

Ayer primero de mayo decidimos viajar con mi familia de Quetzaltenango a San Felipe Reu aprovechando el día de descanso, sin imaginar que en el retorno de ese pequeño viaje estaríamos coqueteando con la muerte por la culpa e irresponsabilidad del conductor;  y uno sin poder hacer nada, más que agarrarse bien y pedirle a Dios que no pasara nada.

Por distintas circunstancias la mayor parte de la población nos vemos obligados a utilizar este medio de transporte, pero es triste que siempre sea un tormento viajar en una camioneta pensando que en cualquier momento el bus puede chocar por la falta de educación vial de los que manejan.

Eran aproximadamente las 4 de tarde, después de haber pasado un día agradable con la familia en el rico calorcito del municipio de San Felipe, nos preparamos para regresar a Quetzaltenango y  volver con las pilas puestas para iniciar nuestras labores de la semana; caminamos alrededor 10 minutos para salir a la carreta principal y esperar un bus, después de 15 minutos pasa uno y le hacemos la parada, era un bus de la línea Esmeralda, que cubre la ruta Mazate – Xela, estábamos  muy emocionados de estar dentro del autobús porque en esos minutos empezó a lloviznar, pero nunca nos imaginamos lo que nos esperaba.

A escasos segundos de subirnos a la camioneta, pasa otra, esta de la línea Patoja, con la que kilómetros atrás se habían enrolado en una competencia para “cargar más pasaje”, sin importarles el riesgo que esto representa.

Transcurrían los minutos y los nervios aumentaban al ver como en múltiples ocasiones el conductor rebasaba en curva para evitar que su “competidor” lo dejara atrás; era impensable como una persona se atrevía a maniobrar en el carril contrario dejando grandes colas de vehículos  sin preocuparse que en algún momento un vehículo pudiera aparecer, claro,  este viniendo sobre su carril señalado.

Luego de dejar atrás varias docenas de vehículos nos topamos con una fila interminable de carros, pensé que la competencia había llegado a su fin porque no se podía seguir  en el carril que corresponde, pero para este sociópata al volante no fue impedimento pues sin pensarlo dos veces invade el carril contrario durante casi 2 minutos, escuchando como los distintos conductores manifestaban su malestar sonando su bocina por lo imprudente que estaba siendo; al llegar a la parte de adelante de donde se origina la gran cola de vehículos, oh sorpresa, un accidente había ocurrido, un autobús estaba involucrado, quizá el responsable era otro “conductor loco”  al volante.

Después de dejar a un lado el incidente la “competencia” siguió,  los dos conductores continuaban en la lucha por el pasaje. En varios momentos vi a varios pasajeros quejarse, otros iban callados pero su rostro expresaba nervios, algunos que inicialmente iban dormidos se le había espantado el sueño por temor a un accidente.

Este recorrido que normalmente dura aproximadamente 1 hora con 10 minutos,  la realizó en 45 minutos, ya se imaginaran la velocidad con la cual veníamos.

Es triste y lamentable la angustia que se vive en el transporte público por falta de educación a la hora de conducir, acaso no se han dado cuenta de los múltiples incidentes que han ocurrido en las carreteras son por manejar de manera imprudente y aun así no se ha aprendido nada, o  como dijo mi madre “si el chofer se quiere matar pues que mate solo, pero no se da cuenta que lleva pasajeros”,  a diario miles de compatriotas en distintas partes del país sufren este riesgo innecesario.

Ojalá estas palabras puedan llegar a algún conductor para que haga consciencia a la hora de manejar, porque pedirles a las autoridades de gobierno que hagan algo al respecto, es caso perdido, ellos están más preocupados en destruir el país que construirlo.

Con información de Wilmer Castillo.

 

 

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