Por: Erick Vance

La antigua ciudad de Holmul es solo una colección de colinas empinadas y selváticas en medio de la selva del norte de Guatemala, cerca de la frontera con México. Pero observa con detenimiento y tal vez notarás que casi todas esas colinas están distribuidas en círculos enormes. Si miras con más atención verás que partes de ellas colinas están hechas de piedras cortadas y que algunas tienen túneles excavados en sus costados. Así que, de hecho, no se trata de colinas, sino de pirámides antiguas, abandonas hace un milenio, tras el colapso de la civilización maya.

El sitio fue un asentamiento próspero durante el periodo clásico maya (250-900 d.C.). No obstante, también fue una era de agitación política, cuando dos ciudades-Estado rivales se trabaron en un conflicto perenne por la supremacía. Durante un breve lapso, una de esas ciudades-Estado prevaleció y se transformó en lo más parecido a un imperio en la historia maya. Fue gobernado por los reyes Serpiente de la dinastía Kaanul, cuya existencia nadie conocía hasta hace poco. Gracias a los sitios que rodean esta ciudad-Estado, como Holmul, los arqueólogos empiezan a reconstruir la historia de aquellos reyes.

Ciudad-Estado de Holmul, aliado de Calakmul y el linaje Serpiente.

Holmul no es un sitio grande ni famoso, y en buena medida, fue ignorado por los arqueólogos hasta 2000, cuando llegó Francisco Estrada-Belli. Él no buscaba algo sofisticado, como tabletas escritas o enterramientos decorados del periodo Clásico, solo quería entender mejor las raíces de los mayas. Una de las primeras cosas que halló fue un edificio a pocos kilómetros de lo que parecía el grupo central de pirámides de Holmul.

En su interior había restos de un mural que mostraba soldados en marcha hacia un lugar lejano. Lo extraño era que partes del mural habían sido destruidas, al parecer por los propios mayas, como si hubieran querido borrar la historia representada. Con la esperanza de entender el por qué, Estrada-Belli excavó túneles para acceder a varias pirámides cercanas. Los mesoamericanos de la antigüedad construían sus pirámides por etapas, una sobre otra, como matrioskas. Esto ha permitido que los investigadores excaven túneles para ingresar y observar las estructuras anteriores, casi exactamente como las dejaron.
En 2013, Estrada-Belli y su equipo se abrieron paso hasta el interior de una de las pirámides más grandes, hasta la entrada de un edificio ceremonial. Al subir por un agujero en el suelo descubrieron un friso de ocho metros de largo, muy bien conservado, localizado sobre la entrada de una tumba antigua.

Los frisos de estuco son muy raros y frágiles. Este representaba tres hombres, incluido un rey de Holmul, emergiendo de las fauces de monstruos flanqueados por seres de inframundo, entrelazados por dos serpientes emplumadas gigantes.

Estrada-Belli notó en la parte inferior una cinta de caracteres o glifos, que enumeraba los reyes de Holmul. Casi al centro había un glifo que reconoció como el hallazgo más emocionante de su carrera: una serpiente sonriente. “Vi Kaanul -recuerda-. De pronto, nos encontrábamos en medio de la época más apasionante de la historia maya”.
La historia del descubrimiento de Kaanul o Serpientes, y su esfuerzo para crear un imperio inicia en Tikal, la ciudad de su enemigo más odiado. Tikal dominó los altiplanos mayas durante siglos y lo mismo ha hecho con la arqueología maya desde los años cincuenta del siglo XX. La floreciente ciudad tuvo una población aproximada de 60 000 habitantes.

También albergó centenares de estelas, bloques de piedra semejantes a lápidas hermosamente esculpidos. A partir de sus inscripciones, los científicos reconstruyeron la historia de Tikal hasta su caída, en el siglo IX. Sin embargo, hay un intervalo extraño -más o menos de 560 a 690 d.C.- en el cual no esculpieron estelas y casi no hubo construcciones. Este lapso desconcertante de 130 años es lo que los arqueólogos denominan el “hiato de Tikal”, un misterio de los mayas antiguos.

En los sesenta del siglo XX, los arqueólogos descubrieron respuestas cuando notaron un glifo raro disperso en diversos sitios clásicos: una cabeza de serpiente de sonrisa cómica, rodeada de marcas asociadas con la realiza. En 1973, la arqueóloga Joyce Marcus lo identificó como un “glifo emblema”, palabras que hacían las veces de escudo de armas.
Marcus se preguntó si podría estar relacionado con el hiato de Tikal. ¿Sería posible que unos guerreros desconocidos hubieran conquistado la ciudad?
Las selvas del Petén son áridas en temporada de secas, y casi impenetrables en la estación de lluvias. Pese a ello, Marcus exploró la región durante meses, visitando las ruinas y fotografiando los glifos. Dondequiera que iba veía referencias de la serpiente sonriente, sobre todo en las inmediaciones de la antigua ciudad de Calakmul.

Calakmul la capital del linaje Serpiente.

“Aquellos sitios satélite mencionaban esta ciudad en el centro. De modo que, en ese sentido, era como un agujero negro -comenta Marcus-. Era el eje de una red de sitios circundantes y equidistantes de Calakmul”.

(Un relieve en La Corona, Guatemala -antaño, la antigua ciudad de Sac Nicté-, muestra al futuro rey Yuknoom Cheen II jugando a la pelota durante una visita. Los jeroglíficos establecen la fecha: II de febrero de 635)

Cuando llegó Calakmul, cuyas dos pirámides centrales eran visibles fácilmente desde el aire, le sorprendió el tamaño del sitio: alguna vez vivieron allí casi 50 000 personas. Había estelas por doquier, pero la mayoría estaba en blanco. La piedra caliza era tan blanda que la erosión las había borrado, así que solo halló dos glifos de serpiente en la ciudad.

Instigado por el misterio de las serpientes, Simon Martin, un joven investigador británico, reunió toda la información posible sobre los glifos de serpiente de Calakmul y otros sitios más pequeños. Con base en indicios de batallas e intrigas políticas de todo el mundo maya, creó un retrato de los reyes Serpiente y su dinastía.

“Lo que sabemos de Tikal viene de Tikal. Mientras que, en el caso de Calakmul, sabemos de ellos por todos los demás -explica Martin-. Poco a poco, la importancia de todas estas apariciones aleatorias comenzó a apuntar en la misma dirección”.

A la larga, Martin ye l arqueólogo Nikolai Grube publicaron el libro Crónica de los reyes y reinas mayas: la primera historia de las dinastías mayas. Y en el centro de ese mundo, durante un siglo resplandeciente, se alzaron los reyes Serpiente. Igual que Marcus, Martin opina que el reino Serpiente fue como un agujero negro que succionó todas las ciudades de su entorno y creó lo que pudo haber sido un imperio maya.

Tikal la superpotencia enemiga de Calakmul, en un tiempo aliada de Teotihuacán, cuando este cae, pierde su fuerza y es vencida por Calakmul.

Hacia el final del siglo V, Tikal era una de las ciudades-Estado más poderosas de la región. Los arqueólogos sospechan que conservó su posición con ayuda de Teotihuacán, una ciudad mucho más grande localizada en las montañas 1 000 kilómetros al oeste, cerca de la actual Ciudad de México. Durante siglos, estas dos ciudades definieron la pintura, la arquitectura, la cerámica, las armas y a planificación urbana de los mayas. Pero todo eso cambió en el siglo VI, cuando Teotihuacán se desligó de la región maya, dejando que Tikal se valiera por sí sola.

Dzibanché, aliado de Calakmul.

Aquí es cuando aparecen los reyes Serpiente. Nadie sabe de dónde llegaron; no existe evidencia de que gobernaran Calakmul antes del año 635. Al parecer, los primeros glifos de serpiente reconocibles surgen en Dzibanché, ciudad del sur de México que se encuentra 125 kilómetros al norte de Calakmul.

Sin importar donde estuvieran basados los reyes Serpiente sabemos que a principios de siglo VI dos monarcas sucesivos reconocieron la vulnerabilidad de Tikal y emprendieron una maniobra para tomar el control político. El primero, Mano de Piedra Jaguar, pasó décadas haciendo visitas de cortesía por todo el altiplano maya.

Aquellas visitas -para concertar una boda, jugar el antiguo juego de pelota maya- talvez parezcan inofensivas, pero era así como muchas veces ocurría la conquista en el mundo maya: con regalos, visitas amistosas y desarrollando alianzas cruciales. Y parece que nadie entendía mejor esas sutilezas que los reyes Serpiente.

Muy pronto, Caracol, el aliado de Tikal en el sureste, se unió al bando de los Serpiente, lo mismo que Waka, una ciudad belicosa del oeste. Con paciencia, se ganaron la lealtad de otras ciudades al norte, oriente y occidente de Tikal, formando una tenaza para aplastar a su enemigo. Mano de Piedra Jaguar y sus leales al fin estuvieron listos para avanzar contra Tikal, pero el señor Serpiente murió antes de que su maniobra política rindiera frutos. Fue su sucesor (y posible hijo), Testigo del Cielo, quien conquistó Tikal. El joven rey tenía un físico poderoso y su cráneo tenía cicatrices sobre cicatrices de incontables batallas anteriores.

(El enterramiento reconstruido de un rey Serpiente, quizá Zarpa de Fuego, fallecido en 697, incluye cuentas de jade y concha colocados sobre la mortaja, y piezas de cerámica sepultadas con él en Calakmul)

Caracol antigua aliada de Tikal, después aliada de Calakuml. Tikal después se recuperaría y la volvería a derrotar.

Según las inscripciones de un altar de Caracol, Testigo del Cielo puso fin al reinado de Tikal el 29 de abril de 562. El rey salió de Waka hacia el oriente, a la cabeza del ejército Serpiente, mientras que las fuerzas de Caracol, la cercana ciudad-Estado de Naranjo, y probablemente Holmul, marchaban hacia occidente.

Los Serpiente y sus aliados aplastaron Tikal, la saquearon y seguramente sacrificaron al rey en su propio altar. Es probable que, en ese momento como muestra de lealtad a su nuevos señores Serpiente, el pueblo de Holmul mutilara el mural que Estrada-Belli encontró más de 1 400 años después, el cual rinde homenaje a Tikal y Teotihuacán. Había dado inicio el reinado de los Serpiente.

Testo del Cielo murió 10 años después de su victoria, cuando tenía poco más de 30 años. En 2004, ellos desenterraron varias tumbas en una pirámide de Dzibanché y encontraron una guja de hueso utilizada en ritos de sangre, la cual habían sepultado junto con máscaras de jade, objetos de obsidiana y perlas. Las marcas en un costado de la aguja anunciaban: “Esta es la ofrenda de sangre de Testigo del Cielo”. De los ocho reyes Serpiente que gobernaron durante el hiato de Tikal, él es uno de solo dos cuyos restos han sido hallados.

La siguiente vez que aparecieron los Serpiente fue muy al oeste, en la refinada y sofisticada Palenque, con elegantes pirámides estucadas y una torre de observación.
No era una ciudad grande -talvez 10 000 habitantes-, pero fue un faro de civilización y puerta de entrada al comercio con occidente, un objetivo primordial para una potencia joven y ambiciosa. Por entonces, los Serpientes eran encabezados por un rey llamado Serpiente de Vírgula, quien, como sus predecesores, invadió usando apoderados y representantes. La reina de Palenque, Señora Corazón del Sitio del Viento, defendió su ciudad del ataque de los Serpiente, pero terminó por rendirse el 21 de abril de 599.
Estos esfuerzos expansionistas eran raros entre los mayas del periodo Clásico. Pero los Serpiente eran distintos. “El ataque contra Palenque fue parte de un proyecto más grande -dice Guillermo Bernal, epigrafista de la universidad Nacional Autónoma de México-. No creo que sus razones hayan sido de índole material, sino ideológicas, pues los reyes Kaanul visualizaban la creación de un imperio”.

Palenque, aliada de Tikal también sucumbe ante el poder de Calakmul.

La idea de construir un imperio resulta controversial entre los arqueólogos mayistas. Con todo, al considerar a los reyes Serpiente, se hace evidente el patrón de expansión. Hicieron alianzas con las ciudades orientales más grandes; conquistaron las del sur; comerciaron con los pueblos del norte. Y Palenque representaba el límite del mundo maya en occidente, pero ¿cómo podían retenerla sin caballos y ejércitos permanentes?
La influencia en una región tan distante exigía un tipo de organización jamás vista entre los mayas. Y también requería una nueva sede de poder, más próxima las ciudades del sur, ricas en jade. No existen registros de la mudanza la nueva capital de Calakmul, pero, en el año 635, los Serpiente erigieron un monumento declarándose señores de la ciudad, tras haber desplazado a la dinastía reinante, los Murciélago.

Un año después ascendió al trono el más grandioso de los monarcas Serpiente, y quizá el rey más grande en la historia maya. Su nombre rea Yuknoom Cheen II, a veces llamado El que Hace Temblar Ciudades. Fue un rey auténtico. Igual que Ciro de Persia o Augusto en Roma, fue muy diestro par a hacer que las ciudades se enfrentaran, al tiempo que consolidaba su control sobre los altiplanos mayas como jamás hizo otro soberano anterior o posterior. Y mantuvo este acto de malabarismo político durante 50 años.
La mejor forma de entender un imperio suele ser dando un vistazo a las ciudades vasallas. Y tal vez el sirviente más interesante de los Serpiente sea una ciudad pequeña y, en general, insignificante, llamada Sac Nicté.

Sac Nicté, nombre maya del sitio, parece haber tenido una condición especial en el reino Serpiente. Sus príncipes fueron educados en Calakmul y tres de ellos desposaron princesas Serpiente. A diferencia de la ciudad guerrera de Waka, justo al sur, Sac Nicté no participó en muchas batallas. Los paneles hablan de nobles que bebían alcohol y tocaban flautas.
Según los paneles esculpidos, Yuknoom Cheen visitó la ciudad justo antes que la capital Serpiente se mudara oficialmente a Calakmul. El elegante retrato muestra a Yuknoom Cheen en posición sedente y con actitud relajada.

(En la ciudad-Estado de Holmul fue hallado un friso de ocho metros de largo, el cual representa una compleja escena mítica que sugiere nexos estrechos con la dinastía Serpiente)
Su nombre de emerge en toda la región maya. Concertó el matrimonio entre un príncipe de Waka y su hija, Lirio Acuático Mano, quien después se convirtió en una reina guerrera poderosa. Entronizó nuevos reyes en Cancuén, al sur, y en Moral-Reforma, casi 160 kilómetros al oeste. En Dos Pilas venció al hermano del nuevo monarca de Tikal y lo hizo su leal vasallo.

También estableció una nueva ruta de comercio en la parte occidental de su reino, vinculando a varios aliados.

Entre tanto, los reyes Serpiente de Calakmul adoptaron un título mucho más incluyente: Kaloomte. Rey de reyes. “Creo que cambiaron la forma de hacer política. Me parece que crearon algo muy novedoso -dice Tomás Barrientos, arqueólogo guatemalteco que cogestiona el sitio Sac Nicté-.

Fuente: National Geographic

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